Brazilian ex-president (2003-2011) Luiz Inacio Lula da Silva waves to supporters after attending a Catholic Mass in memory of his late wife Marisa Leticia, at the metalworkers' union building in Sao Bernardo do Campo, in metropolitan Sao Paulo, Brazil, on April 7, 2018. Brazil's election frontrunner and controversial leftist icon said Saturday that he will comply with an arrest warrant to start a 12-year sentence for corruption. "I will comply with their warrant," he told a crowd of supporters. / AFP PHOTO / NELSON ALMEIDA

Lula en la picota, pero con todas las ganas de volver al poder

Lula en la picota, pero con todas las ganas de volver al poder. Sería una locura, pero el vacío político de Brasil no ayuda.

En la cúspide de su presidencia, cuando arrobaba las audiencias empresariales en Davos-Suiza, al mismo tiempo que cautivaba a las plenarias de extremistas en el Foro de San Pablo, algunos medios de reconocida trayectoria en el mundo lo llegaron a calificar como “el político más popular del planeta”… “Qué tiempos aquellos”, pensara Lula da Silva en su prisión brasileña de estos días…

El expresidente de Brasil ya ha sido condenado por el primero de los siete cargos por corrupción, que llevan años en proceso judicial. Como buen demagogo ha buscado presentar el asunto como una persecución política de sus enemigos. De eso habrá y mucho, pero el punto central es si Lula se arrastró en la corrupción. Los jueces que lo han juzgado consideran que sí. Ya se exhibe una serie televisiva llamada “El Mecanismo”, en la que se describe la espiral de corrupción que caracterizó a los gobiernos de Lula y Dilma Rousseff que, más allá o más acá de sus logros, también fueron auténticas “lavanderías” de millardos de dólares.

Confieso que todo ello me apena. Por Brasil que es una gran nación. Por el Partido de los Trabajadores que fue una esperanza real de cambio, y por Lula que tuvo la lucidez de continuar el rumbo general de su predecesor, Fernando Henrique Cardoso, salvo en que no aguantó la tentación de aprovechar los recursos públicos para el financiamiento ilegal en lo político, y el enriquecimiento ilícito en lo personal, familiar y en una parte importante de su grupo de colaboradores.

No obstante, Lula no se quedará tranquilo en el destino penitenciario que le corresponde. Su intervención cuando estaba atrincherado en la sede de un sindicato de San Pablo, justo antes de entregarse a la policía, fue delirante: ya no soy un ser humano sino una esperanza en el corazón de los brasileños… No fue muy original, por cierto, pero ese tipo de consideraciones son muy peligrosas. Veremos si la estructura judicial de Brasil es capaz de resistir esa riada de demagogia ramplona. Esperemos que sí.

Y una prueba de fuego es si se le permitirá o no que pueda postularse, de nuevo, a la presidencia del Brasil. Hay interpretaciones legales diversas y hasta contradictorias. Lula figura en el primer lugar de las encuestas, aunque distante de la mayoría absoluta. Lo cual, lamentablemente, confirma los efectos cautivadores del populismo latinoamericano. En realidad, que Lula esté en la picota no es lo más importante. Lo que sí importa es que Brasil también lo esté.

[email protected]