Trump saca partido de la trama rusa

Mandatory Credit: Photo by Andrew Harnik/AP/REX/Shutterstock (9447254j) President Donald Trump arrives at Palm Beach International Airport in West Palm Beach, Fla Trump, West Palm Beach, USA - 02 Mar 2018

 Por ROBERTO MANSILLA BLANCO

*La investigación del senado norteamericano acerca de una presunta interferencia rusa en la elección de Donald Trump, alineó la CIA, el Pentágono y… a la presidencia de Estados Unidos. 

     GALICIA.- La investigación del Senado estadounidense en la que certifica  la presunta implicación del Kremlin en las elecciones 2016 que le dieron la victoria a Donald Trump no es un hecho casual, sino que supone una conveniente puja de intereses en Washington que, paradójicamente, podría terminar beneficiando a Trump. Esta percepción se intuye particularmente ante la necesidad de desviar la atención ante un contexto internacional signado por la controversia suscitada por la apertura de la embajada estadounidense en Jerusalén y la masacre israelí en Gaza.

   Una tuerca más parece apretarse en la interminable investigación sobre la presunta trama rusa en la elecciones estadounidenses de 2016. Este miércoles 16, el Comité de Inteligencia del Senado de EEUU, con mayoría del Partido Republicano, sostuvo que Rusia interfirió a favor de Donald Trump en las elecciones presidenciales de 2016, a través de una serie de contactos y reuniones con figuras clave de su entorno.

    El informe contradice lo sostenido dos meses atrás por la Cámara de Representantes, también con mayoría republicana, en la cual se exoneraba a Trump de cualquier implicación en la presunta implicación rusa en las elecciones 2016. Pero lo interesante es que esta investigación del Senado hace causa común con los informes de la CIA y del Pentágono, que sí confirmaron con anterioridad la presunta interferencia del Kremlin en esos comicios.

Conclusiones intrigantes

    La investigación del Senado implica al hijo de Trump, Donald Trump Jr, como un eje clave en la presunta trama rusa, a tenor de sus contactos con la abogada rusa Natalia Veselnitskaya, radicada en Nueva York.

    Estas reuniones presuntamente se realizaron a mediados de 2016, poco antes de la famosa convención del Partido Demócrata de la entonces candidata Hillary Clinton, raíz angular de las investigaciones sobre la presunta interferencia rusa a través de propaganda tóxica contra Clinton.

     Según las investigaciones del Senado, en la primera de esas reuniones, Veselnitskaya se presentó ante Trump Jr como “abogada del gobierno ruso”, con presunta información confidencial sobre Clinton. Pero estas investigaciones no indagan lo suficiente en qué fue lo que realmente sabía la abogada rusa o, en todo caso, qué era lo que conocía el Kremlin sobre Clinton.

     Aquí se intuye una sensación extraña, ya que estas investigaciones se basan en afirmaciones contradictorias que navegan entre la tibieza y la inocencia.

    La investigación del Senado afirma que lo que realmente sabía Veselnitskaya sobre Clinton no era de gran veracidad, y que su intención aparente había sido intentar persuadir al equipo de Trump, en este caso a través de su hijo, para que presuntamente intercediera a la hora de levantar las sanciones impuestas por la entonces administración demócrata de Barack Obama en Washington en lo relativo a la adopción de niños rusos. Por lo tanto, las conclusiones del Senado parecerian querer considerar ante la opinión pública que Trump Jr cayó inocentemente en una trampa rusa.

   Con todo, esta investigación argumenta que las reuniones a mediados de 2016 certificarían que el Kremlin tenía intenciones de ayudar a que Trump llegara a la Casa Blanca. Pero no aporta pruebas concluyentes ni efectivas sobre cómo fue esta presunta interferencia rusa y en qué medida contribuyó a la victoria de Trump.

Que hay detrás

  ¿A qué se debe, por tanto, esta repentina aparición de la investigación del Senado y este inesperado cambio de parecer en las investigaciones sobre la trama rusa? ¿Por qué ahora una investigación del Senado controlado por los republicanos contradice una declaración anterior de la Cámara de Representantes, igualmente controlada por miembros de este partido, y se alinea ahora con las conclusiones de la CIA y del Pentágono?

  Una explicación puede deberse a los constantes cambios de gabinete realizados por Trump, principalmente en febrero pasado, y su incidencia en la necesidad de alejar cuanto antes las investigaciones de la trama rusa sosteniendo un abierto distanciamiento diplomático entre Washington y Moscú.

  La sustitución del ex secretario de Estado, Rex Tillerson, considerado el hombre del Kremlin dentro de la administración Trump, por el ex director de la CIA, Mike Pompeo, el hombre que dirigía la agencia central de inteligencia y que siempre defendió la tesis de la presunta interferencia rusa, es una clave concluyente sobre lo que está sucediendo actualmente en torno a esta crisis que afecta al entorno de Trump.

  La defenestración de Tillerson evidencia las intenciones de Trump, muy probablemente persuadido por Pompeo y la CIA, de propiciar un convenientemente adecuado distanciamiento con Moscú con la finalidad de alejar las sospechas de una trama rusa que afectan seriamente la credibilidad del presidente estadounidense.

  Trump podía así “salvar su pellejo” dejando caer a Tillerson y entronizando a Pompeo como hombre fuerte de su gabinete, una movida política que le puede generar dividendos ante el Pentágono y los servicios de seguridad y de inteligencia, recelosos ante implicaciones exteriores del calibre del Kremlin.

  Esta perspectiva de Trump cobra intensidad igualmente ante las presiones ejercidas por el fiscal Robert Müller de interrogar al presidente estadounidense en sus investigaciones, probablemente más contundentes, sobre la supuesta trama rusa en las elecciones 2016.

   Reforzando esa ala dura vía Pompeo, la decisión del Senado también parece exonerar a otro actor de esta trama: el yerno de Trump, Jared Kushner, esposo de su hija Ivanka. Kushner era considerado con anterioridad como el verdadero enlace del Kremlin en Washington, a tenor de sus contactos con el entonces embajador ruso en EEUU, Sergei Kysliak, durante el período de transición presidencial, entre noviembre de 2016 y enero de 2017.

   En medio de la tensión en Washington por la trama rusa, el gobierno de Vladimir Putin decidió sustituir en julio de 2017 al embajador Kysliak, con la probable finalidad de alejarlo del caldero de rumores y de investigaciones existente en Washington. El actual embajador ruso en EEUU es Anatoly Antonov, un ex miembro de la nomenklatura soviética en el Ministerio de Exteriores y experto en armamentos.

  El factor Kushner enlaza con la segunda clave que podría explicar el porqué de este cambio repentino de percepciones en Washington sobre la trama rusa.

  La polémica internacional suscitada sobre el cambio de la embajada estadounidense de Tel Aviv a Jerusalén, escenificada este lunes 14, coincidiendo con el 70º aniversario del Estado israelí, y principalmente la posterior represión sangrienta de las fuerzas de seguridad israelíes contra manifestantes palestinos en Gaza, con un centenar de muertos, son factores colaterales que podrían incidir en la repentina aparición de las conclusiones del Senado sobre la trama rusa.

  El enorme rechazo de la opinión pública mundial sobre la masacre israelí contra palestinos de Gaza que protestaban contra la apertura de la embajada estadounidense en Jerusalén, así como conmemoraban el 70º aniversario de la Nakba, la tragedia del éxodo palestino de 1948 cuando precisamente se creó el Estado de Israel, supone una crítica mundial con hondo calado hacia el gobierno de Trump.

   A la ceremonia de apertura de la embajada en Jerusalén asistieron precisamente Kushner y su esposa Ivanka en representación del gobierno de Trump. Kushner es también observado como una pieza clave del lobby judío sionista en Washington, que con Trump en la Casa Blanca ha recuperado su tradicional poder de influencia en la política exterior de EEUU en Oriente Próximo.

  Por tanto, la información del Senado sobre la trama rusa aparece convenientemente para Trump y principalmente para su aliado, el gobierno israelí del derechista Benjamín Netanyahu, en un momento en que el mundo rechaza con horror una nueva masacre israelí en Gaza.

  En este sentido, la decisión del Senado desvía momentánamente la atención sobre la crisis suscitada por la apertura de la embajada en Jerusalén y la posibilidad de revitalización de la causa palestina ante la matanza en Gaza.

 El lobby de Pompeo

   Del mismo modo, esta investigación del Senado refuerza el poder del ala dura liderada por Pompeo, receloso de la creciente esfera de influencia rusa en el contexto internacional. Puede que más que perjudicar a su imagen y a su presidencia, Trump esté manejando la trama rusa como un aliciente más para tomar distancia de Moscú y acrecentar el poder de la CIA y del Pentágono en su política exterior.

   Con todo, y si bien la investigación del Senado implica a su hijo Trump Jr, la misma no aporta pruebas concluyentes sobre el hecho de que el hijo del presidente hiciera manejos turbios favorables a las intenciones del Kremlin por llevar a su padre a la Casa Blanca. Más bien, la sensación es de inocente caída en una presunta trampa trazada desde el Kremlin a través de una hasta ahora desconocida abogada rusa afincada en Nueva York.

  El leitmotiv de esta investigación más bien parece encauzarse en la necesidad repentina de la administración Trump por reforzar la imagen de Rusia como un enemigo exterior de EEUU que interfiere en la política estadounidense con propaganda tóxica y estrategias de manipulación.

  Por tanto, distanciarse de Rusia resulta así favorable en un momento en que Trump quiere acelerar los mecanismos de instauración de su nuevo Orden Mundial. En esta perspectiva, desviar la atención por lo que sucede en Oriente Próximo y en las semanas previas al aparentemente acordado histórico encuentro con el líder norcoreano Kim Jong un.

  Está por ver si la investigación del Senado contribuirá también con la percepción en el electorado estadounidense sobre la necesidad de reforzar la seguridad nacional de EEUU con vistas a las elecciones de noviembre próximo, el estratégico mid-term del mandato presidencial de Trump, donde se renovará la totalidad del Congreso de Representantes y un tercio del Senado.

  Este mid-term también abrirá las cartas electorales para las presidenciales 2020. Y aquí Trump o eventualmente la candidatura republicana que lidere el partido para estos comicios presidenciales, no querrán observar otra crisis política derivada de una nueva e hipotética interferencia electoral del Kremlin

  Para confeccionar con mayor nitidez su política exterior y de cara a estos comicios, Trump necesita del apoyo del lobby israelí y de los sectores de “halcones” del Pentágono y de la CIA y del ala dura en la Casa Blanca para reforzar la imagen de seguridad nacional ante un electorado persuadido de la  interferencia de un enemigo exterior como Rusia. Razones que implican considerar porqué esta semana, Trump ha dados dos vueltas de tuerca estratégicas para fortalecer su presidencia.

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