Venezuela's President Nicolas Maduro (R) talks next to National Assembly President Diosdado Cabello while they attend a meeting of the United Socialist Party in Caracas in this February 2, 2015 picture provided by Miraflores Palace. REUTERS/Miraflores Palace/Handout via Reuters (VENEZUELA - Tags: POLITICS) ATTENTION EDITORS - THIS PICTURE WAS PROVIDED BY A THIRD PARTY. REUTERS IS UNABLE TO INDEPENDENTLY VERIFY THE AUTHENTICITY, CONTENT, LOCATION OR DATE OF THIS IMAGE. THIS PICTURE IS DISTRIBUTED EXACTLY AS RECEIVED BY REUTERS, AS A SERVICE TO CLIENTS.FOR EDITORIAL USE ONLY. NOT FOR SALE FOR MARKETING OR ADVERTISING CAMPAIGNS

“Credibilidad cero” es lo que genera la hegemonía roja

Por Fernando Luis Egaña

***Credibilidad cero es lo que suscita la hegemonía roja. No se le puede creer nada. Es más: no se le debe creer nada.

Hace ya varios años, el Departamento de Policía de la ciudad de Nueva York empezó a utilizar la expresión: “tolerancia cero”, para definir su política en relación al crimen y los criminales. Ello causó un revuelo, porque algunos consideraron que la llamada “tolerancia cero” le podía abrir el camino a abusos policiales en la lucha contra la delincuencia. Pero en general, la gente de Nueva York y otros lugares estuvo de acuerdo. Y de hecho, el número de delitos fue reducido de manera sustancial.

De entonces para acá, esa expresión ha sido utilizada en muchas partes del mundo y con la misma finalidad. En la Venezuela de estos años fue utilizada, pero los resultados fueron inversos: aumentó velozmente la criminalidad y nuestro país se convirtió en uno de los más violentos del mundo. La Somalia de América Latina, nada menos… En otras palabras, lo de la “tolerancia cero” de la hegemonía roja con respecto a la criminalidad, terminó suscitando una “credibilidad cero”. Y la verdad sea dicha, esta falta absoluta de credibilidad no se limita al drama de los “planes de seguridad” en contra del hampa soberana, sino en relación con cualquier cosa que diga o haga la hegemonía roja.

En ese sentido, hace pocos días, un representante de lo poco que queda del sector privado lícito, dijo que él no le creía nada a Maduro. Comparto eso. Yo tampoco le creo nada. Pero el tema de creerle o no, no se limita a la posibilidad de creerle o no. Va más allá. Tiene que ver con el deber -sí, con el deber- de no creerle. Es decir, no es sólo que no se le puede creer, es que no se le debe creer. Una falsedad no puede ser creída. Pero un falseador no debe ser creído nunca.

No exagero al sospechar que no hay en la faz de la tierra unos falseadores más notorios que los jerarcas que destruyen a Venezuela. Llevan ya casi 20 años en ello. A veces de manera crasa y otras de forma habilidosa. Y las falsedades son como disparos de metralleta. Todos los días. Todo el día. Los venezolanos tenemos el deber de no creerles. De no creerles nada. De mantener la posición de “credibilidad cero”. Es más, entre los capitostes de la hegemonía roja, tampoco se creen nada. Se conocen y saben que todo lo que anuncian es pura pantalla para la galería.

“Credibilidad cero” es lo que genera la hegemonía roja. Y ello nos debería llevar a tener una posición de “tolerancia cero” hacia la misma. Es lo lógico. Y después de los llamados “anuncios sobre el programa de recuperación y prosperidad económica” -un batiburrillo, payasada o mondongo venenoso-, la posición de “tolerancia cero” hacia Maduro y los suyos se convierte, todavía más, en una exigencia patriótica.

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