La reelección presidencial no es un Derecho Humano

reelección presidencial

Por J. GERSON REVANALES

Luego de un largo tiempo fuera de actividad de El Nuevo País y Zeta, gracias a la constancia y tenacidad de su fundador editor, podemos retomar las armas de la pluma y el teclado para continuar la defensa de los valores democráticos. Cabría proponer, a partir de este momento, un nuevo hashtag en todas las redes para identificar o etiquetar un mensaje en las webs de microblogs: #ELNUEVOPAIS, el que todos queremos.

Esta semana se dio un encuentro ideal en el marco de la Fundación IDEA-Democrática, con motivo de los 20 años de la adopción por aclamación de la Carta Democrática en una Asamblea General extraordinaria de la OEA celebrada en la ciudad de Lima el 11 de septiembre 2001. Lo importante de este foro, además de la celebración protocolar de un nuevo aniversario, radica en la defensa de los elementos esenciales de la democracia representativa contenidos en el Artículo (3) de la Carta. Estos son, entre otros: a) el respeto a los derechos humanos y las libertades fundamentales; b) el acceso al poder y su ejercicio con sujeción al estado de derecho; c) la celebración de elecciones periódicas, libres, justas y basadas en el sufragio universal y secreto; d) el régimen plural de partidos y organizaciones políticas; y la separación e independencia de los poderes públicos.

Al haber sido aprobada la Carta por aclamación presidencial, se convierte en una doble obligación. Por una parte, los gobiernos están en el deber de cumplir con los elementos esenciales de la democracia y, por la otra, están en la obligación de exigir y hacer cumplir a los infractores con las normas acordadas. En consecuencia, la falsa interpretación de la No Injerencia es un argumento falaz de los regímenes que utilizan las herramientas de la democracia para afianzarse en el poder, como sucede en Venezuela. Todavía recuerdo el momento en que Hugo Chávez en la (III) Reunión de la Cumbre de las Américas en Quebec, al ser zurdo, requirió de una pluma propia para firmar dicha declaración en la cual se instruyó a los Ministros de Relaciones Exteriores que, en el marco de la próxima Asamblea General de la OEA, se preparara una Carta Democrática Interamericana que reforzara los instrumentos de la OEA para la defensa activa de la democracia representativa. Por alguna razón, al momento de la firma de la Carta Democrática, el canciller de turno abandonó su silla y se regresó a Venezuela junto con su delegación, perdiendo una gran oportunidad de defender a su gobierno. Chávez esto nunca se lo perdonó. La rueda del destino llevó a que su gobierno fuera el primer candidato para su aplicación y, paradójicamente, el primer gobierno suramericano para el Estatuto de Roma.

El foro de IDEA DEMOCRÁTICA tuvo una razón de Estado, ante la distorsión de gobiernos dictatoriales como el de Correa, Ortega, Morales y el propio Chávez, de recurrir al leguleyismo propio de los populistas, de demagogos, de considerar la reelección como un Derecho Humano. Ante esta barbaridad político jurídica, violatoria de principios republicanos como la alternabilidad en el poder y elecciones tanto justas como transparentes, llevaron a este prestigioso foro de ex presidentes demócratas a elevar una consulta al máximo órgano jurídico regional (CJI), sobre si la reelección es un Derecho Humano como lo han dictaminado algunos tribunales convertidos en oficinas jurídicas de los poderes ejecutivos 

Ante esta determinante consulta, tanto la Comisión de Venecia (UE), como la Corte Interamericana de Derechos Humanos, dictaminaron que:

1) La reelección presidencial indefinida no constituye un derecho autónomo protegido por la Convención Americana sobre Derechos Humanos ni por el corpus iuris del derecho internacional de los derechos humanos.

2) La prohibición de la reelección indefinida es compatible con la Convención Americana sobre Derechos Humanos, la Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre, y la Carta Democrática Interamericana.

3) La habilitación de la reelección presidencial indefinida es contraria a los principios de una democracia representativa y, por ende, a las obligaciones establecidas en la Convención Americana sobre Derechos Humanos y la Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre.

Estas conclusiones dejan en claro que los gobiernos autócratas, seudo democráticos, las demodictaduras, representan un peligro para el desarrollo humano en la región. Por esa razón, hemos decidido escribir nuestra primera columna para felicitar al Foro “IDEA DEMOCRATICA”; a la Editorial Jurídica Venezolana Internacional; al ex presidente Pastrana y al Secretario General de la OEA, por su valiente y consecuencia con Venezuela, por tan maravilloso e importante evento cuando la democracia en Venezuela atraviesa unas de las etapas más aciagas de su historia democrática.

Las opiniones publicadas en Zeta son responsabilidad absoluta de su autor.

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