¿Francia en manos de la ultraderecha? Puede pasar mañana

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*** Emmanuel Macron y Marine Le Pen encabezan las encuestas en las elecciones de Francia. Ambos llegaron a la segunda vuelta ya en 2017, pero han cambiado muchas cosas desde entonces.

Por María Crespo (El Mundo)

Este domingo Francia celebra elecciones presidenciales. En circunstancias normales, los periódicos en este país y gran parte de la Unión Europea llevarían varios días hablando de ello, pero nadie contaba con un acontecimiento imprevisible y brutal que tiene al mundo desvelado desde hace más de un mes. Y mientras la guerra en Ucrania no cesa, Francia vota entre la incertidumbre y el descontento, con dos claros favoritos, Emmanuel Macron y Marine Le Pen.

¿QUÉ SE VOTA ESTE DOMINGO EN FRANCIA?

Casi 50 millones de franceses están llamados a las urnas para escoger a su presidente mediante sufragio universal y a través de un sistema de votación a dos vueltas. Encabezando las encuestas, están el actual jefe de Estado, Emmanuel Macron (que lograría en torno al 26% de los votos) y la líder de Reagrupación Nacional, Marine Le Pen (con cerca del 24%). Si ambos resultan los más votados, se disputarán las llaves del Elíseo dentro de dos semanas, el 24 de abril. Un ‘dejà vu’ de lo que ocurrió en 2017.

ENTONCES, ¿VA A PASAR LO MISMO QUE HACE 5 AÑOS?

No exactamente. Ni el país ni los candidatos son los mismos, aunque tengan el mismo nombre. A Macron, su mandato le ha pasado factura. Quien llegó a la presidencia con grandes promesas para acabar con la corrupción o poner el medioambiente y la igualdad entre las prioridades de la República, ha tenido que lidiar con infinitas crisis -de los chalecos amarillos a la pandemia por coronavirus- de las que no siempre ha salido bien parado, alimentando la llama del desencanto de una población que, como en otros países del continente, confía cada vez menos en la política tradicional.

La guerra en Ucrania hizo que Macron retrasara hasta el tiempo de descuento su entrada en campaña. Y aunque en un primer momento el conflicto lo aupó en las encuestas, dándole una altura internacional con la que el resto de candidatos no podían competir (él mismo se erigió en mediador y llegó a reunirse con Vladimir Putin), con el paso de las semanas, se ha vuelto en su contra. Los electores no le perdonan que se haya olvidado de las prioridades francesas, por mucho que lo haya hecho en nombre de un mal mayor. Macron, además, no supo ver que al ciudadano, llueva o truene, lo que más le preocupa es su bolsillo: los precios de los alimentos o la gasolina, disparados, entre otras cosas, por esa misma guerra. Y ¿quién ha aprovechado ese hartazgo? Marine Le Pen, erigida en la defensora de los más desfavorecidos, maestra en disimular los aspectos más polémicos de su programa (sobre todo, en materia de inmigración) y que, sabiamente, ha centrado su discurso en lo económico y lo social (puntos en los que su partido ha ido virando en la última década)

¿Y QUÉ PASA CON LOS OTROS CANDIDATOS DE LAS ELECCIONES FRANCESAS?

De los diez restantes (cuatro de izquierda radical, una socialista, un ecologista, una de derechas, dos de extrema derecha y uno defensor del mundo rural), el candidato de extrema izquierda Jean-Luc Mélenchon es, según las encuestas, el único con alguna opción de impedir que Le Pen y Macron consigan el pase a la final (obtendría un 17% de los votos). A Mélenchon, que apela al «voto útil» de una izquierda fragmentada y dividida, le sigue en las encuestas otro candidato de ultraderecha y polemista profesional, Éric Zemmour (cerca del 10% de intenciones de voto), defensor de la teoría de «La Gran Sustitución» según la cual las poblaciones blancas están siendo sustituidas por inmigrantes musulmanes. Una idea que incluso ha calado en la derecha clásica de Los Republicanos, representada por Valérie Pécresse. Así que no sólo estamos hablando de la derechización de Francia, sino de la normalización de los discursos extremos. Mélenchon, Le Pen, Zemmour y Pécresse rozan el 60% de las intenciones de voto.

¿ES POSIBLE QUE MARINE LE PEN SEA PRESIDENTA?

En 2002, la primera vez que la extrema derecha en Francia se clasificaba para la segunda vuelta con Jean Marie Le Pen, todas las fuerzas políticas llamaron a votar a Chirac para hacer frenar el discurso ultra del patriarca Le Pen. El conservador ganó con el 82% de los votos. En 2017, cuando Marine Le Pen se enfrentó a Macron, éste ganó con el 66% de los votos. En 2022, hay sondeos que aseguran que la segunda vuelta estará casi empatada, dándole al jefe de Estado una ventaja mínima (52% frente al 48%).

Pero hay que tener en cuenta muchos otros factores. Primero, que las encuestas -Trump, Brexit, etc- se equivocan. Segundo, que en las dos semanas que transcurren entre la primera y la segunda vuelta, pueden pasar muchas cosas (más allá de la guerra). De hecho, Macron hace días que decidió hacer campaña sólo contra Le Pen -la ha tachado de «racista» y de «mentirosa»- e ignorando al resto de candidatos, porque no le preocupan. Tercero y no menos importante. Hay dos sectores de la población de los que nadie habla y que casi siempre tienen en sus manos las llaves de las elecciones: los abstencionistas, que podrían superar el 30 % (una cifra récord en Francia) y los indecisos, que representan un porcentaje similar.

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