Opinión

Dictadura militarista

Coincide este artículo con el desboque incontrolado del régimen hacia la forma más brutal de dictadura militarista en la que ha desaparecido todo atisbo de Estado de Derecho y civilidad y en cuyo proceder rudimentario no hay ya siquiera los disimulos e hipocresías propios de quienes disfrazan las fechorías que cometen. Es simplemente una dictadura militarista ruda y bastarda tipificada por su conducta cotidiana. Baste señalar entre las obviedades más recientes la represión masiva y selectiva de ciudadanos; el creciente número de asesinatos políticos perpetrados por efectivos de la fuerza armada, la policía uniformada y las bandas de colectivos hamponiles que reprimen manifestaciones pacíficas, así como el aumento pavoroso del número de heridos y apresados; el intento por disolver el Ministerio Público que le resulta insoportable porque está cumpliendo su deber; los cambios en los altos mandos militares y el intento de formar una asamblea constituyente que viola todos los principios establecidos en la Constitución.

¿Por qué el gobierno, con origen en la elección cuestionada y nunca aclarada del 14 de abril del 2013, en vez de limpiar su pecado original torció hacia el camino de facto de una dictadura militarista? Simplemente por su ilegitimidad de desempeño a cuya consecuencia perdió todo respaldo aún en el sector del electorado que votó a su favor y por su empeño de mantenerse sin elecciones en el ejercicio de un poder que no merece y repudia la inmensa mayoría del país. Lo mucho que perdió de respaldo popular pretende compensarlo con respaldo militar. ¿Por qué, más allá de la repulsa nacional, trata de sostenerse en medio del rechazo casi unánime de la comunidad internacional? Porque sabe que si atiende las recomendaciones de los organismos internacionales que le exigen respeto a la democracia y elecciones libres saldría aventado del poder y tendría que enfrentarse a la inevadible justicia nacional e internacional ante la que deberá responder por los numerosos, atroces e imprescriptibles delitos perpetrados. ¿Por qué un gobierno de características semejantes que no tiene respaldo popular cuenta con apoyo de la fuerza armada que según la Constitución debe ser institucional? Porque en una combinación de miedo y autodefensa, sus principales mandos violan la Constitución y al mismo tiempo son responsables principales, cómplices y cooperadores de la  dictadura cívico-militar o militar-cívica (aquí el orden de los factores no altera el producto) que ha plagado al país de corrupción e ineficiencia. Los más importantes cargos del gobierno están ocupados por militares. De 7 ministros designados por Maduro el 21 de junio, cinco son militares.

Para quienes sostienen que dictadura no sale con votos (argumento falso que capta crédulos con facilidad) afirmamos que es todo lo contrario y que dictaduras sólo salen con votos: ahí están los casos latinoamericanos más cercanos cuyos ejemplos más eminentes son Chile, Argentina y Uruguay. Y si a veces el camino de los votos resulta más agreste y empinado es el único, seguro y fiable. Irresponsables seríamos si apostáramos a un golpe militar que pusiera fin a esta dictadura cívico-militar para que se instale otro gobierno igual con beneficio de duda y plazo de gracia para que al cabo nos demuestre que todas las dictaduras militares son sólo eso. Ni pensar que haya tontos que crean que quienes tienen armas con qué dar un golpe y tengan éxito, vengan a tocar la puerta de los civiles para entregarles el gobierno.

 

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Henry Ramos Allup

Político y abogado. Secretario General del partido venezolano Acción Democrática. Diputado a la Asamblea Nacional de Venezuela, de la cual fue presidente en el periodo 2016-2017. Vicepresidente de la Internacional Socialista.

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