La dirigencia oficialista forajida y la disidente sin un proyecto de rescate, van a una mesa de reparto y no de restitución

Una dirigencia oficialista forajida y una dirigencia disidente sin proyecto para rescatar las instituciones de la democracia va a una mesa de reparto.

En 1958 se fue Marcos Pérez Jiménez, presidente de la República, por cierto elegido según la Constitución de la época. La presión popular, la excesiva represión y la posición de los jóvenes cadetes de las cuatros escuelas de las Fuerzas Armadas, hicieron que Pérez Jiménez y su gabinete salieran del país. Inmediatamente los militares colocaron al oficial de más alto rango de las FAN, Wolfang Larrazábal Ugueto, populista y demagogo, romántico pero desubicado en las funciones de la administración pública, como todos los militares.

Aparecieron los empresarios acreedores locales de la República, beneficiaron sus empresas y la de sus allegados, y se fueron ocultando en el tiempo y bajo la sombra de la discreción.

En las elecciones de 1959 ganaron los políticos, pero los que tenían un proyecto de país, democrático y social, algunos con cierta experiencia por los cargos del 1945 a 1948, las mal llamadas izquierdas y grupos radicales, actuaron desmedidamente, desde 1960, hasta los años 1979, levantamientos armados, asesinatos a diestra y siniestra, guerrilla urbana, zozobra permanente, todo motivado por Fidel Castro para imponer un ostracismo.

Las intrigas y aspiraciones en AD, COPEI y URD, ciegos hacia el futuro, motivaron divisiones y desgarramientos en los partidos políticos, por posturas personalistas. A partir del primer gobierno del Dr. Rafael Caldera, un grupo de notorios notables comenzaron a socavar las bases de los partidos tradicionales, sin percatarse del flaco servicio que le hacían a la democracia.

La democracia con tropezones. Llegó a 1992 arrastrando corrupción, indiferencia, soberbia, que provocaron levantamientos de rateros y ladrones que los medios de comunicación propagandeaban como pueblo hambriento y necesitado. Eran las izquierdas que azuzaban a los desubicados para establecer inquietud en la población.

Apareció, Atila, el gran Hugo, el criminal más grande de los últimos tiempos, planteando una sociedad sin educación, sin cultura, promiscua, que desvalijó al país para comprar apoyo extranjero y establecer un sistema de gobierno a imagen y semejanza del castrismo cubano, que Nicolás Maduro continúa.

El robo fue a mansalva para establecer regímenes como los de Argentina, Nicaragua, Bolivia, Ecuador, Brasil con la frustración de Honduras, sin olvidarnos de los limosneros del Caribe, al extremo de preferir perder la frontera del Esequibo para obtener el apoyo de los comunistas de Guyana.

El odio y la perversidad llevan a la muerte. El veneno social y familiar acabó con el líder de la nueva forma de gobierno en Venezuela, con triquiñuelas y acciones aberrantes de las instituciones. Instauran a otro resentido, Nicolás Maduro, quien lleva al pueblo venezolano por el camino de la amargura.

Hoy, una nación a la deriva, con una dirigencia oficialista forajida y la disidente sin un proyecto para rescatar la libertad y restituir las instituciones de la democracia, van a una mesa de reparto y no de restitución.

@BayedRafael

 

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