CÉSAR PÉREZ VIVAS: La perversión detrás de telón

MADURO

A juicio del autor, la dictadura comunista que nos somete busca adelantar una jugada política de doble efecto con el referéndum. En lo interno pretenden tomar un respiro político luego del contundente resultado de las primarias.

Por César Pérez Vivas

La cúpula roja no cesa en su febril activismo y en sus constantes  maniobras, para crear las condiciones capaces de permitirles perpetuarse en el poder. Son profundamente ineptos  en la tarea de gobernar. Su presencia en el gobierno sólo ha servido para destruir y saquear a nuestro país, y así hundir en la miseria a toda la nación. Pero son especialmente perversos en las acciones para mantenerse en el poder desconociendo los principios básicos de la democracia.

Ante el exitoso proceso de primarias organizadas por la sociedad democrática, impactados por  el despertar ciudadano y el creciente repudio a su presencia  en el poder, quieren aprovechar la circunstancia del juicio en marcha ante la Corte Internacional de Justicia, relacionado con nuestro histórico y justo reclamo por el despojo del territorio Esequibo; para lanzar una iniciativa política con la cual desvirtuar los demoledores resultados del proceso de primarias. En efecto, en medio de ese cuadro, han convocado un referéndum consultivo con el supuesto objetivo de defender el Esequibo.

Ya en estos días, calificados y eruditos expertos, juristas, historiadores  y diplomáticos, han dejado sentado, desde el punto de vista del derecho internacional público, la inutilidad de la referida consulta; y han demostrado que la misma, antes que fortalecer nuestros argumentos y nuestra estrategia en el litigo en pleno desarrollo, lo que hace es afectarnos y debilitarnos. Han dejado claro que la defensa de nuestro territorio en reclamación debemos hacerlo en el referido juicio, para lo cual el país debe apelar a sus mejores talentos. Por cierto, ni siquiera a la Academia de Ciencias Políticas y Jurídicas, ni a nuestros profesores de las Universidades, ni a los expertos sobre la materia, se les ha llamado para reforzar la defensa de los derechos de Venezuela. Sin embargo la camarilla gobernante se lanza por un sendero demagógico, peligroso y disolvente para nuestro país.

La dictadura comunista que nos somete busca adelantar una jugada política de doble efecto con el consabido referéndum. En lo interno pretenden tomar un respiro político luego del contundente resultado de participación ciudadana en las primarias.  La sociedad venezolana se ha unificado en la base ciudadana. Más del 80% de nuestra población quiere cambio, desea fervientemente la salida de Maduro y su entorno del poder y quieren hacerlo  por la vía del voto.

Por ello buscan dividir a esa unificada nación. Pretenden dividirnos entre patriotas y traidores. Patriotas los que apoyen a Maduro y su hipócrita postura nacionalista. Traidores los que no se sumen a la farsa y al coro laudatorio de la dictadura. Ya se aprecia a los corifeos del régimen competir, en quien es más estridente en sus declaraciones y solicitudes para rescatar el territorio esequibo. En su vida habían hablado de ese tema, ahora resultan más patriotas que el libertador.

Esa búsqueda de una nueva división, para generar una nueva polarización, viene cargada de una retórica agresiva, un discurso descalificador y ofensivo para crear un nuevo sisma en el seno de nuestra enferma sociedad. La división y la polarización han sido herramientas utilizadas por esta y por todas las dictaduras como mecanismo para sostenerse en el poder. Desde la llegada de Chávez al poder, la división y polarización de la sociedad ha sido constante. Se designó como “escuálidos” a quienes nos atrevimos a levantar nuestra voz contra el autoritarismo naciente.  La división se impulsó con fuerza entre “revolucionarios” y “contra revolucionarios”, entre aliados y escuálidos, camaradas y piti yankis, bolivarianos y paecistas, pueblo y la oligarquía, ricos y pobres, blancos y oscuros, patriotas y traidores. La narrativa divisionista nunca ha cesado. El monumental fracaso del socialismo del siglo XXI ha borrado esa división. Ya casi nadie se rasga las vestiduras para defender a la barbarie roja. Por eso el referéndum les ofrece una nueva excusa para fomentar la división.

Por fortuna en la oposición venezolana nadie ha embestido ese trapo rojo. Maduro busca con desespero esa confrontación, que ningún sector democrático está en planes de ofrecer. Maduro hará su referéndum mirándose al espejo. Será él consultándose a sí mismo si asume su responsabilidad constitucional, política, moral y jurídica de defender, donde corresponde y cuando corresponde, nuestro territorio. Todos sabemos lo que ha pasado en estos años de la revolución bolivariana. Todos sabemos que desde el arribo del chavismo al poder la reclamación del Esequibo dejó de ser una prioridad en la agenda de nuestra política exterior, y que por el contrario, el difunto comandante presidente, bajo las influencias del dictador cubano Fidel Castro, hizo dejación de sus obligaciones y autorizó y/o toleró el avance en el control, usufructo y dominio de Guyana sobre nuestro territorio. En esa dejación de sus responsabilidades lo acompañó quien era su canciller, el Señor Nicolás Maduro. De modo que ante tales circunstancias los señores de la cúpula roja no tienen autoridad moral alguna para venir a señalar a nadie como “traidores” por no sumarse al coro de la demagogia, con el cual quieren volver a dividir a nuestro país.

Por supuesto que detrás de esa cortina pueden esconderse otras perversiones y otros oscuros objetivos. Puede andarse  buscando una excusa para simular una guerra, al mejor estilo de Galtieri en Las Malvinas; o puede estarse pre constituyendo el expediente para abandonar el litigio en la CIJ, o creando las condiciones para no hacer las elecciones presidenciales el próximo año 2024. Con la capacidad para simular, mentir y manipular que los personajes de la camarilla roja han evidenciado no puede extrañarnos que estén ensayando esas y otras opciones.  Detrás de ese telón, llamado Referéndum Consultivo, se esconden graves perversiones, a las que debemos estar atentos.

Las opiniones publicadas en El Nuevo País son responsabilidad absoluta de su autor.

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