GRACIELA REQUENA: Sola con Sofía

CARLOS Y SOFIA

“Así me contó Sofía (Imber) cómo se suicidó Carlos (Rangel), un día como hoy, de 1988”, relata Graciela Requena.

Por GRACIELA REQUENA

Tuve el privilegio de conocer a Sofía en los primeros años de Zeta, cuando ella escribía al alimón con Poleo el Péndulo de la revista, las dos columnas enfrentadas porque tenían posiciones políticas opuestas; ella con su intransigencia derechista, él, frenético betancourista, relativamente a la izquierda.

Son años inolvidables, cuando Zeta era una fiesta. Luchábamos para colocar el naciente medio entre los mejores del mercado periodístico. Sofía escribió en Zeta casi dos años.

Un sábado, finalizada la jornada, fui con Rafael Poleo a visitar a Sofía y a Carlos en su casa de la Alta Florida.

En esa casa, como ella decía, solo entraban sus amigos y familiares. Quedé aturdida con la atmósfera bohemia de aquel maravilloso hogar abarrotado de libros, de obras de arte, de fotografías de momentos felices, de piezas raras, de tallas criollas. Todo tan Carlos y Sofía. Aquella tarde inolvidable ellos estaban particularmente simpáticos, se les veía alegres, tan compañeros, él siempre atento para complacerla a ella. Ese día vestían como cualquier pareja un sábado casero; ropa deportiva y Sofía no vestía el clásico talleur de Chanel, llevaba pantalones y blusa de algodón y “cholitas”.

Sofía era una provocadora nata, Carlos lo sabía y la dejaba provocar, así que se enfrascaron en una conversación sobre Carlos Andrés Pérez y otros temas de actualidad.

De allí salimos casi al anochecer.

No volví a tener a Sofía tan cerca hasta ocurrida la tragedia de Carlos. Cenamos en el restaurante El Parque, que quedaba en Parque Central. Cuando llegamos, ella ya estaba sentada a la mesa, vestida de medio luto. Nos saludamos y entonces ella me entregó una enorme caja con el diseño del Museo. Agradecí el gesto y, por cortesía, intenté abrir el paquete, pero me paró en seco: ¡No lo abras aquí! -ordenó, con tono autoritario.

Entonces dijo, les voy a contar cómo fue lo de Carlos y no volveremos a hablar de ello porque no los invité para eso. Estábamos en la casa, él estaba como todos los días, normal. De repente, se escuchó el disparo. Corrí hacia el baño, y lo encontré, muerto. Había empapelado todo el cuarto de baño con papel periódico. Un desastre. Me dejó una carta donde me dice que sabré sobreponerme… Inmediatamente llamé a Jaime (Lusinchi), y le dije: Jaime, Carlos se acaba de suicidar. Bueno, lo demás ya lo saben, no se hable más del asunto.

La muerte de Sofía (20 de febrero del 2017) fue rápida. El Dios en el que nunca creyó fue misericordioso: “No quiero que me prolonguen innecesariamente la existencia ¿Qué sería de la vida sin pasiones? Nada.  ¿Tragar, cagar y dormir? Para mí, eso no”.

Aplausos de pie para esta mujer única.

Las opiniones publicadas en El Nuevo País son responsabilidad absoluta de su autor.

Carlos Rangel y Sofía Imber en su casa. Foto Graciela Requena.
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